Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

Definitivamente la transformación se siente, es un cambio lento, puede tardar años, pero siempre y cuando uno está consciente de que lo está buscando siempre se logra, el mundo empieza a verse de otra manera. Como muchas otras cosas en la vida, llevar a cabo esta transformación es una decisión, es una intención que se pone delante de uno. Es disciplina pura y dura. Es lograr la paz contigo mismo, aceptarte y aceptar. Fluir y dar.

El aislamiento obligatorio, durante meses en muchos lugares, forzó una introspección muy particular a cada uno de nosotros quienes de cierto modo lo vivimos.  Yo en particular, me vi obligado a luchar con mis  propios demonios y a calmar mi mente. Me di cuenta de lo superfluo de muchas actividades sociales, del horror de la rutina, pero en general nos dimos cuenta de la ansiedad con la que se vivía el día a día. 

Para muchas personas con un estilo de vida saludable y activo como el mío, el aislamiento y el encierro fue un martirio, fue como estar enjaulado, al inicio fue muy difícil, la ansiedad era muy alta. Los gimnasios estaban cerrados, no se podía salir. Los parques estaban prohibidos y entonces me di cuenta que todo estaba en la cabeza. Unos días sin ejercicio o de salir de la rutina no le han hecho mal a nadie nunca. Ya unos días dentro del aislamiento empezó el auge de los ejercicios en casa, y claro está , retome el yoga como una opción para ejercitarme, pero más que para eso, apareció para controlar la ansiedad. 

El yoga siempre había estado allí, siempre me había llamado, tal vez no la práctica física en sí, pero me llamaba mucho la atención la relación que tiene con el budismo y el hinduismo. Me encanta la historia y desde muy temprana edad empecé a interesarme por las diferentes culturas,  diferentes religiones y diferentes puntos de vista. Leyendo,  estudiando y viajando, comprendí los beneficios y los efectos del yoga, que fuera algo ancestral y que emanaba paz. Me intrigaba que en la cultura occidental o mínimo la latinoamericana, su práctica haya sido y sea aún hoy un tabú, en muchos lugares todavía hoy prohibida. Luego, con el tiempo, cuando entiendes la razón de estas prohibiciones y lo que pretenden lograr eres completamente libre.

La fundadora de CORE, mi hermana menor, mentora  en muchas cosas de la vida inició su camino como yogui mucho antes que yo, ella viajó a la India donde se certificó y regresó luego de esa epopeya con una energía muy diferente, regresó con una sabiduría increíble.  CORE inicio en el año 2017 como un espacio no solamente para recibir clases y llevar a cabo la práctica de yoga, sino que fue un espacio de libertad, de luz y de amor al prójimo a través de artes evolutivas de sanación. Yo me uní al proyecto dos años más tarde como socio y a pesar que tenía el yoga muy a la mano, me llevó mucho tiempo para de verdad adentrarme en este tesoro.

Desde el 2019, ósea desde hace un par de años, practique yoga una vez a la semana, quizás dos veces, y considero que físicamente me desenvolvia muy bien. Sin embargo en la parte mental el caos seguía presente. Muchas veces los maestros, casi siempre maestros CORE, maestros con magia, gurús, notaban mis expresiones faciales mientras llevaba a cabo las diferentes asanas y  recomendaban callar la mente, saber ni que muecas tenía. Muchas veces no lo lograba. Mi hermana insistía en que era necesario mi salto de lleno al mundo yogui, que meditase más, que aprovechara las clases gratis que me brindaba el espacio a mi,  que hasta para que aumentaremos ventas, debía hacer yoga, decía. Costo, pero tenía mucha razón…

Durante toda la vida fui disciplinado con la comida, en los últimos años había intentado disminuir el consumo de la carne, tal vez por que de verdad cuando me alimentaba únicamente con platos vegetarianos mi humor mejoraba, energía subía, mi digestión no digamos, y hasta dormía mejor. Ahora consumir carne es la excepción.  Seguía practicando única y exclusivamente otros deportes, pero como siempre, los pensamientos negativos me bombardeaban a toda hora, el pasado, el futuro, el dinero, que las relaciones, que los proyectos, que la novia, en fin.  Mi mente nunca estaba en paz, estaba consciente de ello. No era capaz de ver mis pensamientos pasar, me adentraba en ellos. Medite un tiempo si, hice Tai Chi, también. Pero nada, no podía, le echaba la culpa a mi signo zodiacal, al parecer el ser Virgo me condena también a pensar demasiado. 

Pero vino la pandemia, sufrí de ansiedad, tuve la mala fortuna de perder mi trabajo y tuve decepciones familiares, inclusive CORE tomó otro camino.  Y entonces tomé conciencia de muchas cosas.  Ya no tenía la mentoría tan a la mano como antes. Pero eso sí, tenía más tiempo y libertad. Y decidí hacer algo al respecto. 

Decidí darme cuenta de lo que en el yoga se denomina como avidya, la ignorancia de nuestro propio ser, la ignorancia del poder de nuestra mente y de nuestra luz. Esa ignorancia de la que la mayoría de las personas en esta matrix sufren, causa infelicidad, se percibe, y resulta en ansiedad. Decidí entonces cortar relaciones tóxicas, dejar de intentar controlar lo que no puedo, soltar rencores, perdonar aunque nadie se haya disculpado, en fin, todas las ataduras que nublaban mi mente y oscurecían mi mundo.

Y entonces decidí adentrarme en el mundo del yoga. Y el tan solo hecho de proponérmelo me abrió a otro mundo, otro mundo paralelo al que vivimos muchas personas durante gran parte de nuestras vidas. Un mundo sin prejuicios, un mundo que se muestra a sí mismo cuando abres tu mente y tu corazón, cuando te dejas enseñar, cuando comprendes que hay mucho que desaprender. Te empiezas a rodear de otros seres, otras conversaciones, otras visiones, de otras ideas, de otras intenciones. Empiezas a recibir energía diferente, palabras y sensaciones nuevas, y hasta dolores nuevos. La música es diferente, los olores que prefieres, los rituales que practicas. Cuando le agarras el rollo al yoga ya estás adentro.

El ser disciplinado con otros aspectos de mi vida me ayudó con la intención de practicar yoga. La práctica asidua y su intención al momento de hacerla me obligaban a controlar mis pensamientos. Era una hora en silencio, aprendiendo, escuchando la meditación mientras observaba el paso de mis pensamientos aprendiendo a no detenerme en ellos. 

Ahora soy diferente, lo puedo sentir, la gente me dice que soy mas amable, que sonrío mas. Casualmente estoy más abierto a ayudar, en apenas una semana he hecho dos obras por el prójimo, nadie aplaudió, nadie tomó fotos, simplemente me hicieron feliz.

Un pensamiento y tiralo. 

¿Qué más te puedo decir al respecto?

Comparte esto con tus amigos

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
0
    0
    Tu Carrito
    Tu carrito esta vacioVolver a la tienda